El Pretendiente de la Princesa
(c) 1996 by J. C. Planells
Érase una vez un rey que le dijo a su hija:
--He decidido conceder tu mano a aquel de cuantos la pretendan que se muestre más rápido a caballo, más certero con las flechas y más fuerte con la espada. Así lo haré saber por todo mi reino y por los reinos vecinos.
Así se hizo. Al día siguiente, heraldos y emisarios del rey recorrieron las aldeas y villas de sus dominios y también las de los reinos vecinos, notificando la proclama. Todos los jóvenes la celebraron, pero pocos se veían capaces de superar las tres pruebas.
En los días siguientes, fueron llegando al castillo numerosos pretendientes; ricos y pobres, nobles y plebeyos, dispuestos a competir entre sí por la mano de la princesa. Ésta les observaba departir desde las ventanas de sus habitaciones.
--Mi padre no me ha consultado si yo deseo entregar mi mano al más rápido a caballo, al más certero con las flechas y al más fuerte con la espada --se quejó a su ama--. Yo no deseo un guerrero por esposo y compañero, sino alguien con ingenio que dé luz a mi vida.
--Vuestro padre el rey sabe mejor que nadie lo que es bueno para vos y para el reino --le contestó el ama con firmeza.
Cuando ya no llegaron más pretendientes, el rey recibió a todos los que se presentaron en el gran salón del castillo, les deseó suerte y que ganase el mejor de ellos.
Al día siguiente empezaron las pruebas. La primera fue la de rapidez en montar a caballo. Pronto se destacó uno de entre todos como el mejor jinete, dejando atrás a los demás contendientes; era un joven vestido con holgadas ropas verde bosque y que ocultaba el rostro bajo un antifaz igualmente verde bosque, cubriendo su cabeza con un gorro del mismo color verde bosque. Durante el segundo día tuvo lugar la competición con arco, y el pretendiente vestido de verde demostró ser también el mejor y quien más certeramente disparaba sus flechas. Al tercer día, finalmente, tuvieron lugar los combates a espada, que eran incruentos, por supuesto, pues el rey no deseaba en modo alguno que ninguno de los pretendientes resultase herido, y aún menos que muriera; así pues, las espadas eran de madera, pero de igual peso que las reales. También venció en esta prueba el contendiente vestido de verde.
El rey, muy contento, le declaró vencedor de las pruebas ante todos los reunidos, que vitorearon con alegría al oírlo. A continuación, el rey le reclamó a su presencia a fin de concederle ante todo el pueblo la mano de su hija.
La princesa, pálida como el mármol, permanecía junto a su padre, quien la sostenía por un codo en el ceremonial de entrega de su hija al vencedor.
--Aquí os entrego a la princesa --dijo el rey, cuando el vencedor de las tres pruebas estuvo ante él y le hubo saludado con una respetuosa inclinación--. Os habéis ocultado durante todo el torneo bajo un antifaz y cubierto la cabeza con un gorro. ¿Sois acaso un noble príncipe o rey de algún país vecino que por modestia ha preferido permanecer en el incógnito?
El vencedor se quitó el antifaz y se despojó del gorro. Se revelaron sus delicadas facciones y se liberó su larga y rubia cabellera. La multitud, estupefacta, lanzó un "Oh" de incredulidad y todos retrocedieron instintivamente un paso.
--No por modestia, majestad --repuso la mujer que se hallaba ante el rey--. Solamente para no humillar con mi identidad real a los demás contendientes y permitir así una lucha en igualdad de condiciones. He sido más rápida, más certera y más fuerte que ellos. Ahora, oh rey, ¿me concederás la mano de tu hija?
Furioso, escandalizado, humillado y rojo de vergüenza, el rey replicó con ira:
--¡¿Qué burla es ésa?! ¡Has convertido el torneo en una afrenta a mi persona, a mi reino y a mi propia hija! ¡Has insultado a todos los nobles pretendientes que han particidado en él! ¡Esto es una aberración ante Dios! Ignoro quién eres y de dónde vienes, pero vas a pagar con tu vida este insulto y esta humillación. ¿Concederte su mano? ¡Arrancarte tu cabeza! ¡Guardias! ¡Prendedla, decapitadla, descuartizadla y arrojad los restos a los cerdos para que los devoren!
Así se hizo. La mujer fue prendida, llevada al verdugo, decapitada, descuartizada y los restos arrojados a los cerdos, que los devoraron de inmediato.
La princesa lloraba amargamente en sus habitaciones.
--Mi padre no me consultó si yo deseaba ser entregada al vencedor del torneo. Nadie me ha consultado sobre mis sentimientos.
--Princesa --repuso el ama con firmeza--. Vuestro padre sabe de sobra lo que es conveniente para vos. Esa aberración contra natura, esa herejía blasfema debía ser suprimida de inmediato y borrada de los libros de historia.
--Puede que fuese una aberración --musitó la princesa--. Pero mi corazón la amó nada más verla. Y acaso con ella como mi consorte se hubieran acabado todas las guerras entre los reinos de este mundo.
-FIN-
Lo encontré buscando otra cosa, y me chocó. Así que lo rescato hacia aquí, por tenterlo a mano ^^
Copiado directamente de: http://pfjcplanells3.spaces.live.com/blog/cns!245C34DA2DB9AB61!423.entry
Érase una vez un rey que le dijo a su hija:
--He decidido conceder tu mano a aquel de cuantos la pretendan que se muestre más rápido a caballo, más certero con las flechas y más fuerte con la espada. Así lo haré saber por todo mi reino y por los reinos vecinos.
Así se hizo. Al día siguiente, heraldos y emisarios del rey recorrieron las aldeas y villas de sus dominios y también las de los reinos vecinos, notificando la proclama. Todos los jóvenes la celebraron, pero pocos se veían capaces de superar las tres pruebas.
En los días siguientes, fueron llegando al castillo numerosos pretendientes; ricos y pobres, nobles y plebeyos, dispuestos a competir entre sí por la mano de la princesa. Ésta les observaba departir desde las ventanas de sus habitaciones.
--Mi padre no me ha consultado si yo deseo entregar mi mano al más rápido a caballo, al más certero con las flechas y al más fuerte con la espada --se quejó a su ama--. Yo no deseo un guerrero por esposo y compañero, sino alguien con ingenio que dé luz a mi vida.
--Vuestro padre el rey sabe mejor que nadie lo que es bueno para vos y para el reino --le contestó el ama con firmeza.
Cuando ya no llegaron más pretendientes, el rey recibió a todos los que se presentaron en el gran salón del castillo, les deseó suerte y que ganase el mejor de ellos.
Al día siguiente empezaron las pruebas. La primera fue la de rapidez en montar a caballo. Pronto se destacó uno de entre todos como el mejor jinete, dejando atrás a los demás contendientes; era un joven vestido con holgadas ropas verde bosque y que ocultaba el rostro bajo un antifaz igualmente verde bosque, cubriendo su cabeza con un gorro del mismo color verde bosque. Durante el segundo día tuvo lugar la competición con arco, y el pretendiente vestido de verde demostró ser también el mejor y quien más certeramente disparaba sus flechas. Al tercer día, finalmente, tuvieron lugar los combates a espada, que eran incruentos, por supuesto, pues el rey no deseaba en modo alguno que ninguno de los pretendientes resultase herido, y aún menos que muriera; así pues, las espadas eran de madera, pero de igual peso que las reales. También venció en esta prueba el contendiente vestido de verde.
El rey, muy contento, le declaró vencedor de las pruebas ante todos los reunidos, que vitorearon con alegría al oírlo. A continuación, el rey le reclamó a su presencia a fin de concederle ante todo el pueblo la mano de su hija.
La princesa, pálida como el mármol, permanecía junto a su padre, quien la sostenía por un codo en el ceremonial de entrega de su hija al vencedor.
--Aquí os entrego a la princesa --dijo el rey, cuando el vencedor de las tres pruebas estuvo ante él y le hubo saludado con una respetuosa inclinación--. Os habéis ocultado durante todo el torneo bajo un antifaz y cubierto la cabeza con un gorro. ¿Sois acaso un noble príncipe o rey de algún país vecino que por modestia ha preferido permanecer en el incógnito?
El vencedor se quitó el antifaz y se despojó del gorro. Se revelaron sus delicadas facciones y se liberó su larga y rubia cabellera. La multitud, estupefacta, lanzó un "Oh" de incredulidad y todos retrocedieron instintivamente un paso.
--No por modestia, majestad --repuso la mujer que se hallaba ante el rey--. Solamente para no humillar con mi identidad real a los demás contendientes y permitir así una lucha en igualdad de condiciones. He sido más rápida, más certera y más fuerte que ellos. Ahora, oh rey, ¿me concederás la mano de tu hija?
Furioso, escandalizado, humillado y rojo de vergüenza, el rey replicó con ira:
--¡¿Qué burla es ésa?! ¡Has convertido el torneo en una afrenta a mi persona, a mi reino y a mi propia hija! ¡Has insultado a todos los nobles pretendientes que han particidado en él! ¡Esto es una aberración ante Dios! Ignoro quién eres y de dónde vienes, pero vas a pagar con tu vida este insulto y esta humillación. ¿Concederte su mano? ¡Arrancarte tu cabeza! ¡Guardias! ¡Prendedla, decapitadla, descuartizadla y arrojad los restos a los cerdos para que los devoren!
Así se hizo. La mujer fue prendida, llevada al verdugo, decapitada, descuartizada y los restos arrojados a los cerdos, que los devoraron de inmediato.
La princesa lloraba amargamente en sus habitaciones.
--Mi padre no me consultó si yo deseaba ser entregada al vencedor del torneo. Nadie me ha consultado sobre mis sentimientos.
--Princesa --repuso el ama con firmeza--. Vuestro padre sabe de sobra lo que es conveniente para vos. Esa aberración contra natura, esa herejía blasfema debía ser suprimida de inmediato y borrada de los libros de historia.
--Puede que fuese una aberración --musitó la princesa--. Pero mi corazón la amó nada más verla. Y acaso con ella como mi consorte se hubieran acabado todas las guerras entre los reinos de este mundo.
-FIN-
Lo encontré buscando otra cosa, y me chocó. Así que lo rescato hacia aquí, por tenterlo a mano ^^
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2 ladridos:
I lika it :) ya me diras que te parece lo otro que te dije
Lo veré mañana, que si no me darán las mil xD
Besos guapa! :*
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