Cada día un poco más...
Ultimamente tengo la sensación de que, día a día, esto me está superando lenta pero inexorablemente.
Define "esto", me vais a preguntar, ya que evidentemente con la frase anterior estareis más perdidos que un pulpo en un garaje. Y la definición más adecuada será la siguiente: todo.
Voy a intentar explicarme: en mi vida hay muy pocas cosas que estén como a mi me gusta. Ejemplos:
-Ultimamente trabajo un porrón de horas. Lo cierto es que tampoco son tantas (unas 20 a la semana), y evidentemente me viene genial, por que cobro muy bien. Pero me agota (especialmente si me toca trabajar con cierto energúmeno).
-El martes tengo un examen que llevo deficientemente preparado, y que no me va a dar tiempo a preparar en condiciones. Ergo, una vez más, quedaré en manos de la suerte... lo cual nunca me ha gustado.
-La cocina tiene vida propia y le gusta estar desordenada. Da igual que antes de irme a trabajar la dejara en condiciones. Al volver estará exactamente igual que antes de haberla ordenado.
Son solo algunos ejemplos. Podría sacar bastantes más, pero para hacerse una idea, llega.
El caso es que, de entre las pocas cosas que están exactamente como yo quiero que estén en esta vida (recordemos que soy, aunque a menudo me contenga, una perfeccionista), una de ellas es la moto del trabajo. MI moto. La segunda que he "tenido" en mi vida, ya que la que me sirvió para aprender a andar en ellas fue sustituida hace ya un par de años.
El caso es que aunque no es mia, es la que YO utilizo. Es la máquina que me sirve para ganarme el sueldo. Es, en el más estricto sentido, mi herramienta de trabajo, y de alguna forma, mi única compañera a la hora de la verdad. La conozco al dedillo, se exactamente como va a responder en cada estúpida situación que podamos encontrarnos y se exactamente que debo hacer yo para salvar cada una de esas situaciones. Sencillamente, ya no es una cuestión de pensamiento. Es reacción, es instinto.
Pues bien, si ya de por si mi vida es suficientemente jodida al tener que aguantar un montón de cosas que no están como yo quiero que estén y que no puedo hacer nada por cambiar, tiene que haber siempre alguien que me joda las que SÍ lo están.
Y es que hoy un compañero usó mi moto. Y si no fuera por que manipuló los frenos para apretarlos (inecesariamente), que ello hiciera que la moto fuera frenada y que por ello se pasara toda la puñetera mañana forzando el motor, no hubiera pasado nada.
Pero no, hay que joderme las pocas cosas que son exactamente como deben ser, hasta el punto que si no me he caido a la primera de la moto por estar los frenos demasiado apretados, me he caido a la segunda, al no responder la moto como debia hacerlo, por que tengo el motor jodido gracias al sublime trabajo de un compañero.
Y llueve. Y si no me ha pasado nada ha sido de milagro, por que caerse en un cruce no es precisamente lo más seguro del univeso.
Y me jode doblemente, ya que encima que supone que alguien cambie cosas que no tendrían por que cambiar, el gran problema del asunto es que me juego la vida con la puñetera gracia.
Cojonudo, Breixo, cojonudo ¬¬
Define "esto", me vais a preguntar, ya que evidentemente con la frase anterior estareis más perdidos que un pulpo en un garaje. Y la definición más adecuada será la siguiente: todo.
Voy a intentar explicarme: en mi vida hay muy pocas cosas que estén como a mi me gusta. Ejemplos:
-Ultimamente trabajo un porrón de horas. Lo cierto es que tampoco son tantas (unas 20 a la semana), y evidentemente me viene genial, por que cobro muy bien. Pero me agota (especialmente si me toca trabajar con cierto energúmeno).
-El martes tengo un examen que llevo deficientemente preparado, y que no me va a dar tiempo a preparar en condiciones. Ergo, una vez más, quedaré en manos de la suerte... lo cual nunca me ha gustado.
-La cocina tiene vida propia y le gusta estar desordenada. Da igual que antes de irme a trabajar la dejara en condiciones. Al volver estará exactamente igual que antes de haberla ordenado.
Son solo algunos ejemplos. Podría sacar bastantes más, pero para hacerse una idea, llega.
El caso es que, de entre las pocas cosas que están exactamente como yo quiero que estén en esta vida (recordemos que soy, aunque a menudo me contenga, una perfeccionista), una de ellas es la moto del trabajo. MI moto. La segunda que he "tenido" en mi vida, ya que la que me sirvió para aprender a andar en ellas fue sustituida hace ya un par de años.
El caso es que aunque no es mia, es la que YO utilizo. Es la máquina que me sirve para ganarme el sueldo. Es, en el más estricto sentido, mi herramienta de trabajo, y de alguna forma, mi única compañera a la hora de la verdad. La conozco al dedillo, se exactamente como va a responder en cada estúpida situación que podamos encontrarnos y se exactamente que debo hacer yo para salvar cada una de esas situaciones. Sencillamente, ya no es una cuestión de pensamiento. Es reacción, es instinto.
Pues bien, si ya de por si mi vida es suficientemente jodida al tener que aguantar un montón de cosas que no están como yo quiero que estén y que no puedo hacer nada por cambiar, tiene que haber siempre alguien que me joda las que SÍ lo están.
Y es que hoy un compañero usó mi moto. Y si no fuera por que manipuló los frenos para apretarlos (inecesariamente), que ello hiciera que la moto fuera frenada y que por ello se pasara toda la puñetera mañana forzando el motor, no hubiera pasado nada.
Pero no, hay que joderme las pocas cosas que son exactamente como deben ser, hasta el punto que si no me he caido a la primera de la moto por estar los frenos demasiado apretados, me he caido a la segunda, al no responder la moto como debia hacerlo, por que tengo el motor jodido gracias al sublime trabajo de un compañero.
Y llueve. Y si no me ha pasado nada ha sido de milagro, por que caerse en un cruce no es precisamente lo más seguro del univeso.
Y me jode doblemente, ya que encima que supone que alguien cambie cosas que no tendrían por que cambiar, el gran problema del asunto es que me juego la vida con la puñetera gracia.
Cojonudo, Breixo, cojonudo ¬¬





