Cuando la vida reclama...
... yo obedezco.
Ya son muchos meses (aparte de no actualizar xD) de torear a mi vida por un lado y por otro. No es que sea eminentemente malo: sencillamente no es productivo. Y siendo como soy, cuando algo deja de ser productivo, por muy placentero que pueda ser, deja de tener sentido. Y cuando algo deja de tener sentido, todos sabemos lo que pasa: mejor apaga y vámonos.
Desde que terminé los exámenes de febrero (con un resultado muy catastrófico: dos presentadas de cuatro propuestas, una aprobada de dos u.u") no he pisado mi facultad. Tengo excusa... pero no razones. A menos que el agotamiento mental (y físico en parte) sirva como razón.
Sí, estoy priorizando mi trabajo por motivos que para mi son obvios. Si, estoy priorizando mis ratos de ocio por que siento que de otra forma me volvería loca. Y sí, si puedo estoy evitando hacer más cosas de las estrictamente necesarias (por primera vez en mi vida) por que estoy, en el más amplio sentido de la palabra, CANSADA.
Y pese a todo miro atrás y se me cae la cara de vergüenza al ver como está mi vida. Desde hace dos semanas que vengo al campus por unos cursos que nada tienen que ver con mi carrera (aunque no son para nada una pérdida de tiempo) y al pasar por delante de mi facultad me veo obligada a pedirle perdón al edificio mismo. Y cada día que pasa, cuando llego a casa y entro en mi habitación (que por cierto está hecha un autentico campo de batalla) me recuerdo que más pronto que tarde tengo que ponerme las pilas por que esto, sencillamente, NO PUEDE SER.
Y pese a todo, pese a que lo se, pese a la vergüenza que siento, pese a que los días pasan y lo único productivo y de lo que me estoy sintiendo un poco orgullosa es de mi capacidad de transformar un montón de chatarra en una bicicleta útil, no me siento capaz. O sería más sincero decir que me da miedo.
Por que en cuanto arranque... en cuanto empiece y me conciencie de lo que tengo que hacer, va a haber mucha gente que va a decirme, o a pensarlo, o a demostrarlo: "No se quien eres, no te reconozco".
De hecho, eso ya está pasando, para mi infinita tortura.
Y confieso que eso, aún, me asusta. Y me duele. Aunque están en su perfecto derecho de reconocerlo, sigue torturándome la idea de que sea como sea, siempre habrá alguien que me quiera y me diga que no puedo ser así.
A veces me gustaría poder relatar la cantidad TREMENDA de frases que reverbenan en mi mente, dichas por otras personas (para bien o para mal, que hay de todo), que acaban por quedarse dentro de mi recordándome cientos de aspectos de mi que no gustan a la gente, a las personas que quiero o que amo. Algún día, cuando toque fondo, quizás las ponga en fila y las deje salir de una en una, ya que no soy capaz de olvidarlas.
Y me invade un sentimiento que nunca había llegado a reconocer: la desidia.
Para los menos dados a buscar en el diccionario, os lo aclaro: es la tendencia a seguir siempre un mismo camino, por que si, por inercia, por negligencia, por vagancia, por que tienes la sensación de que hagas lo que hagas, no vas a cambiar nada, y es mejor dejarte llevar.
Desidia. Será el nombre de mi nueva isla.
Ya son muchos meses (aparte de no actualizar xD) de torear a mi vida por un lado y por otro. No es que sea eminentemente malo: sencillamente no es productivo. Y siendo como soy, cuando algo deja de ser productivo, por muy placentero que pueda ser, deja de tener sentido. Y cuando algo deja de tener sentido, todos sabemos lo que pasa: mejor apaga y vámonos.
Desde que terminé los exámenes de febrero (con un resultado muy catastrófico: dos presentadas de cuatro propuestas, una aprobada de dos u.u") no he pisado mi facultad. Tengo excusa... pero no razones. A menos que el agotamiento mental (y físico en parte) sirva como razón.
Sí, estoy priorizando mi trabajo por motivos que para mi son obvios. Si, estoy priorizando mis ratos de ocio por que siento que de otra forma me volvería loca. Y sí, si puedo estoy evitando hacer más cosas de las estrictamente necesarias (por primera vez en mi vida) por que estoy, en el más amplio sentido de la palabra, CANSADA.
Y pese a todo miro atrás y se me cae la cara de vergüenza al ver como está mi vida. Desde hace dos semanas que vengo al campus por unos cursos que nada tienen que ver con mi carrera (aunque no son para nada una pérdida de tiempo) y al pasar por delante de mi facultad me veo obligada a pedirle perdón al edificio mismo. Y cada día que pasa, cuando llego a casa y entro en mi habitación (que por cierto está hecha un autentico campo de batalla) me recuerdo que más pronto que tarde tengo que ponerme las pilas por que esto, sencillamente, NO PUEDE SER.
Y pese a todo, pese a que lo se, pese a la vergüenza que siento, pese a que los días pasan y lo único productivo y de lo que me estoy sintiendo un poco orgullosa es de mi capacidad de transformar un montón de chatarra en una bicicleta útil, no me siento capaz. O sería más sincero decir que me da miedo.
Por que en cuanto arranque... en cuanto empiece y me conciencie de lo que tengo que hacer, va a haber mucha gente que va a decirme, o a pensarlo, o a demostrarlo: "No se quien eres, no te reconozco".
De hecho, eso ya está pasando, para mi infinita tortura.
Y confieso que eso, aún, me asusta. Y me duele. Aunque están en su perfecto derecho de reconocerlo, sigue torturándome la idea de que sea como sea, siempre habrá alguien que me quiera y me diga que no puedo ser así.
A veces me gustaría poder relatar la cantidad TREMENDA de frases que reverbenan en mi mente, dichas por otras personas (para bien o para mal, que hay de todo), que acaban por quedarse dentro de mi recordándome cientos de aspectos de mi que no gustan a la gente, a las personas que quiero o que amo. Algún día, cuando toque fondo, quizás las ponga en fila y las deje salir de una en una, ya que no soy capaz de olvidarlas.
Y me invade un sentimiento que nunca había llegado a reconocer: la desidia.
Para los menos dados a buscar en el diccionario, os lo aclaro: es la tendencia a seguir siempre un mismo camino, por que si, por inercia, por negligencia, por vagancia, por que tienes la sensación de que hagas lo que hagas, no vas a cambiar nada, y es mejor dejarte llevar.
Desidia. Será el nombre de mi nueva isla.







